1.
Tras una cortina de lágrimas he visto a mis ángeles sin alas. Pateados, golpeados, enjutos, asustados…Así son los perros callejeros. ¡Que por favor no me miren!, porque puedo sentirme completamente perdida en un mundo en el que muchas veces no quiero estar.
2.
Otras veces, al ver el brote de un árbol o una planta que florece, acepto vivir de nuevo.
3.
Circos, venta de loritos, de cachorros, o de huevos de tortuga… y nuevamente reniego mil veces de vivir rodeada de todo eso. ¿Has visto la carita expresiva de un zorro?, ¡y pensar que hay putas pintarrajeadas (remedos de seres humanos) que ambicionan tener abrigos de pieles! Con gusto mataría a todas, mujeres de cerebros huecos.
4.
Cantan los zanates, que se han apropiado de varios sitios arbolados de la ciudad (tal vez no es un canto, sino un graznido) y el mundo vuelve al orden, y otra vez estoy feliz de estar viva. Los miro volar como ráfagas negras, con largas alas; veo sus ojos amarillos claros: alertas y brillantes. Entonces, mi mundo toma forma de nuevo.
martes, 23 de marzo de 2010
martes, 2 de marzo de 2010
El agua no me dijo nada, ni tu nombre ni quien eras. Sólo que cruzabas un puente en la oscuridad con una lámpara de papel en tus manos. Protegías la flama de la vela (si se extinguía, haría que se desvanecieran tus anhelos). Estabas en mis sueños, presente como un mantra repetido mil veces, y desde ahí te miraba aunque sabía que tu lenguaje y tu tiempo eran diferentes a los míos. Sobre el agua, flotaban las hojas de los lotos con algunas flores blancas. Sabes que soy una mujer a la que sus ensoñaciones le dan la vida. Te llamé tres veces con la mente, y el aire se llenó de música. Sentí esa noche, cómo tu dedo índice tocaba mi frente desvelada.
lunes, 1 de marzo de 2010

Este invierno me ha helado el alma. Me comprime el cuerpo y cuando miro el techo quisiera que me hablara (si al menos hablara como lo hace con uno de los personajes de Saramago), pero no, sólo está ahí impávido y silencioso. Nunca, como ahora he tocado mi soledad tan quieta y fría como un hielo permanente. Quisiera salir por la ventana para volar en una ráfaga de viento.
Sólo el calor de mis perros y su pelo suave me acerca a un universo de tibieza en donde el mundo se vuelve bueno y el cariño se palpa sin pedirlo. Mis manos tocan a estos ángeles sin alas y todo mi ser se sosiega como entregándome a un microcosmos en donde encuentro armonía. Porque ¡maldita sea! cómo necesito cariño y tener presencia en este mundo.
sábado, 26 de septiembre de 2009
lunes, 14 de septiembre de 2009
Quien cree en fantasmas, ve fantasmas, y al morir se hace uno de ellos
…Además, las historias de mamá y de la abuela me habían hecho concebir fantasmas, pero nunca había visto a alguno. Mamá afirmaba que era más fácil si existía un lazo afectivo. Y resultó a pesar de mi negativa al respecto. Algunas noches después de su muerte, la percibí en mi cama como cuando me cantaba siendo pequeño o me contaba alguna de sus historias. Acarició mis cabellos; no quise abrir los ojos, no por miedo a ella, sino por temor a que fuera un sueño preferí dejarme llevar en su plácido suspiro matinal. Por la mañana fui a la escuela, al trabajo y nada ocurrió, pero por la noche mientras hacía una tarea pendiente la miré a través de un espejo. Ella se maquillaba como cuando vivía y refería con cierta resignación: “Me estoy poniendo vieja y mis mejillas requieren color”. Parecía decir: me estoy poniendo muerta y estoy extremadamente pálida. Por cierto, me explicó que las almas de los muertos no son pálidas por la muerte en sí, sino por la falta de sol, no se pueden asolear los fantasmas. Reí junto con ella, me senté en la cama y mamá hizo lo mismo. Me abrazó y luego de reír ante su muerte, lloramos juntos. En la vida huérfano de madre; en la muerte, mi madre, huérfana de mí…
…Antes tuvo tiempo para explicarme algunas conductas de los fantasmas. “No necesariamente se pueden ver sólo fantasmas de nuestros familiares. Eso sí, ninguno quiere ayuda, únicamente esperan su tiempo. Por la noche duermen como los vivos; son fantasmas, no vampiros. Algún armario resultará su lugar favorito, pero cuando los vivos pernoctan boca arriba prefieren recostarse en la cama, a un lado, y es cuando sentimos que nos hundimos, que nos despeñamos, o cuando podemos soñar que nos vemos desde arriba. A veces prefieren asirse a una mano cálida. Cuando duermes de lado, si hay fantasmas de niños se acurrucan junto a ti y los de adultos que sufren de insomnio se entretienen mirándote. Cuando se encuentran solos abren las puertas; las puertas deben estar abiertas para los fantasmas. Si todas están cerradas, tienen miedo y lloran. ¡No se debe hacer llorar a los fantasmas! No pueden atravesar paredes, ni siquiera vuelan; arrastran sus pies porque es cansado ser un muerto. Por eso cruje la madera, rechinan las puertas y se siente cuando se sosiegan en tu cama”.
Omar Mireles Penilla. “Fantasmas familiares”. En: Canción para una niña muerta. México. Editorial Doble Sol. 2008, pp. 26-29
…Antes tuvo tiempo para explicarme algunas conductas de los fantasmas. “No necesariamente se pueden ver sólo fantasmas de nuestros familiares. Eso sí, ninguno quiere ayuda, únicamente esperan su tiempo. Por la noche duermen como los vivos; son fantasmas, no vampiros. Algún armario resultará su lugar favorito, pero cuando los vivos pernoctan boca arriba prefieren recostarse en la cama, a un lado, y es cuando sentimos que nos hundimos, que nos despeñamos, o cuando podemos soñar que nos vemos desde arriba. A veces prefieren asirse a una mano cálida. Cuando duermes de lado, si hay fantasmas de niños se acurrucan junto a ti y los de adultos que sufren de insomnio se entretienen mirándote. Cuando se encuentran solos abren las puertas; las puertas deben estar abiertas para los fantasmas. Si todas están cerradas, tienen miedo y lloran. ¡No se debe hacer llorar a los fantasmas! No pueden atravesar paredes, ni siquiera vuelan; arrastran sus pies porque es cansado ser un muerto. Por eso cruje la madera, rechinan las puertas y se siente cuando se sosiegan en tu cama”.
Omar Mireles Penilla. “Fantasmas familiares”. En: Canción para una niña muerta. México. Editorial Doble Sol. 2008, pp. 26-29
domingo, 5 de julio de 2009
Cómplices de viaje
Siento la maravilla de la vida en cada ser que me rodea. Me gustan algunas personas, pocas; aquellas que respetan la vida de las arañas y miran a los ojos de los perros callejeros. Me gustan quienes se asombran ante una piedra, una planta que se ha arraigado en la tierra y crece, o ante una hoja amarilla que flota sobre el río. Ellos son mis compañeros de andanzas.
Estas personas callan, y si hablan son pocas sus palabras; y muchas de ellas son sabias. Se prenden al corazón con suavidad y hacen la vida más llevadera, más fácil.
Su alegría jamás será escandalosa: es serena. Buscan la esencia y no les importa que su ropa esté vieja. Consideran un privilegio contemplar a una luciérnaga brillante en una noche oscura. El alma la tienen íntegra y los sueños se les desbordan. Podría creerse que no caben en este mundo, pero están ahí, conscientes de su fragilidad (que a veces es su única fuerza). A veces se rompen en pedacitos y quedan sobre el suelo brillosos fragmentos de espejos.
No saben calcular porque están ocupados contemplándolo todo. Reconocen a los pájaros que sacan lombrices después de la lluvia y toman té limón o de monte.
A veces no encajan (no encajamos) en el mundo.
Yolanda Sassoon
Estas personas callan, y si hablan son pocas sus palabras; y muchas de ellas son sabias. Se prenden al corazón con suavidad y hacen la vida más llevadera, más fácil.
Su alegría jamás será escandalosa: es serena. Buscan la esencia y no les importa que su ropa esté vieja. Consideran un privilegio contemplar a una luciérnaga brillante en una noche oscura. El alma la tienen íntegra y los sueños se les desbordan. Podría creerse que no caben en este mundo, pero están ahí, conscientes de su fragilidad (que a veces es su única fuerza). A veces se rompen en pedacitos y quedan sobre el suelo brillosos fragmentos de espejos.
No saben calcular porque están ocupados contemplándolo todo. Reconocen a los pájaros que sacan lombrices después de la lluvia y toman té limón o de monte.
A veces no encajan (no encajamos) en el mundo.
Yolanda Sassoon
viernes, 10 de abril de 2009
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