lunes, 12 de julio de 2010

El PESA NERVIOS

SI AL MENOS PUDIERA DESCANSAR EN MI NADA, Y ESA NADA NO FUERA UNA ESPECIE DE SER, PERO TAMPOCO LA MUERTE COMPLETA...

Antonin Artaud

domingo, 11 de julio de 2010

UN VIEJO ESCRITO QUE JAMÁS PERDERÁ PRESENCIA

A MI NEGRITA
Testimonio

(Su muerte fue el 7 de junio de 2006, a las seis de la tarde)

Ya no estás conmigo, mi Negrita adorada. Antes de tu muerte toqué tu piel caliente y suave. Estabas dormida, echada en el corredor, con tus patitas pachonas estiradas (adorable gordita de mi corazón, sólo mía). Acaricié tu cuerpecido rendido por los años, enfermo... Me despedí de tí. Te dije: "Adios, mi adorada, ya no te puedo retener conmigo". Llamé al veterinario. Le pedí que viniera a mi casa. No quería llevarla a la clínica con su correa, engañada, podría creer que salíamos a dar un paseo, pero ya no habría más paseos.

El veterinario llegó puntual y nos fuimos al cuarto del fondo que estaba más calientito. La acosté con cuidado sobre la alfombra. Él le inyectó un sedante y nunca dejé de acariciarla, de despedirme de ella. Después fue la inyección letal. Jamás dejé de tener contacto con ella, mis manos sobre su cuerpo, tocándola con suavidad. No pude aguantar el llanto. Después de unos minutos mi Negrita estaba dormida, inmóvil, y después muerta. Afirmó el veterinario: "Ya murió". Le pedí dos minutos más para estar seguros y despedirme en espíritu de ella. Mi dolor era sólo mío.

Llegó el momento en que se la llevaran y la ví irse, incluso me asomé por la ventana. Le dije: "Adiós, mi adorada, quisiera seguirte para no separarnos. Te sigo queriendo aunque estés muerta, pedacito de mi corazón, mi dama."

Nunca jamás, lo juro, me dio asco su condición de perrita vieja y enferma. Cualquier desecho suyo lo limpié con amor. Incluso el olor de su cuerpo, a veces fétido, no me daba repulsión; era más fuerte mi amor y mi compasión, pues entendía su vejez y su situación de indefensión y desgaste.¡Qué importaba, si en esencia ella era la misma: única y querida!

Ese día, su muerte fue también un pedacito de la mía. Me preguntaba cómo sería la casa sin ella. La amé como sólo a ella podría amarla, era mi sencillo y cálido animalito. ¿Qué habría en su cabecita y en su corazón en esos últimos tiempos? ¿Sentiría dolor? Su respiración era a veces agitada y tenía mucha, mucha sed. Ese día se detuvo el tiempo.

Adios a su cuerpo enfermo: ella fue compañera de mi alma, mi animalito lindo, mi animalito bueno. Su espíritu inocente y puro estará a mi lado, acompañándome en esta casa, que fue también la suya.

miércoles, 7 de julio de 2010

D E S C A N S O

Hoy soy yo de nuevo sin incertidumbres. Pasaron los días en que me quemaba y me volvía loca ante las contradicciones.

Ya no pido abrazos, ni palabras de amor que sonaban a hueco, como pronunciadas a través de una calavera. El fantasma se fue con su alma ausente atrapada en la lejanía.

Mi presencia está en mi cuerpo, en mi mente lúcida, y en este corazón que son enteramente míos.

Tere tiene razón, pondré una alfombra amarilla en la estancia.

De esta semana en adelante quiero que mi futuro esté lleno de verdad: del cariño de mis buenos amigos, de la compañía de mis perros lindos, de mi gato latoso, y del apoyo de mi hija en los momentos difíciles.

Gracias, Dina.

miércoles, 12 de mayo de 2010

AGUA EN MOVIMIENTO, PAISAJES Y UN ESPÍRITU

Hago mis pequeños paisajes subacuáticos y miro las composiciones de las formas y los distintos tonos de verde. Algún pez se asoma con gracia. Y mi mundo afectivo se vuelca en el agua, adentro de mis acuarios. Paisajes infinitos, poéticos que pocos comprenden.

Mi soledad entra al agua y se disuelve al mirar la vida.

Hoy precisamente, después de tantísimos años pienso que mi adorado padre, hubiera compartido conmigo esos paisajes líquidos -pequeños y magníficos-, como cuando yo era niña e íbamos al jardín para ver qué nueva planta había florecido. Tal vez su espíritu guíe mi mano al plantar un musgo o un helecho acuático. En esos momentos, su ternura y su sonrisa me habitan. Estás conmigo, ¿verdad?

martes, 23 de marzo de 2010

MOMENTOS

1.
Tras una cortina de lágrimas he visto a mis ángeles sin alas. Pateados, golpeados, enjutos, asustados…Así son los perros callejeros. ¡Que por favor no me miren!, porque puedo sentirme completamente perdida en un mundo en el que muchas veces no quiero estar.

2.
Otras veces, al ver el brote de un árbol o una planta que florece, acepto vivir de nuevo.

3.
Circos, venta de loritos, de cachorros, o de huevos de tortuga… y nuevamente reniego mil veces de vivir rodeada de todo eso. ¿Has visto la carita expresiva de un zorro?, ¡y pensar que hay putas pintarrajeadas (remedos de seres humanos) que ambicionan tener abrigos de pieles! Con gusto mataría a todas, mujeres de cerebros huecos.

4.
Cantan los zanates, que se han apropiado de varios sitios arbolados de la ciudad (tal vez no es un canto, sino un graznido) y el mundo vuelve al orden, y otra vez estoy feliz de estar viva. Los miro volar como ráfagas negras, con largas alas; veo sus ojos amarillos claros: alertas y brillantes. Entonces, mi mundo toma forma de nuevo.

martes, 2 de marzo de 2010

El agua no me dijo nada, ni tu nombre ni quien eras. Sólo que cruzabas un puente en la oscuridad con una lámpara de papel en tus manos. Protegías la flama de la vela (si se extinguía, haría que se desvanecieran tus anhelos). Estabas en mis sueños, presente como un mantra repetido mil veces, y desde ahí te miraba aunque sabía que tu lenguaje y tu tiempo eran diferentes a los míos. Sobre el agua, flotaban las hojas de los lotos con algunas flores blancas. Sabes que soy una mujer a la que sus ensoñaciones le dan la vida. Te llamé tres veces con la mente, y el aire se llenó de música. Sentí esa noche, cómo tu dedo índice tocaba mi frente desvelada.

lunes, 1 de marzo de 2010



Este invierno me ha helado el alma. Me comprime el cuerpo y cuando miro el techo quisiera que me hablara (si al menos hablara como lo hace con uno de los personajes de Saramago), pero no, sólo está ahí impávido y silencioso. Nunca, como ahora he tocado mi soledad tan quieta y fría como un hielo permanente. Quisiera salir por la ventana para volar en una ráfaga de viento.

Sólo el calor de mis perros y su pelo suave me acerca a un universo de tibieza en donde el mundo se vuelve bueno y el cariño se palpa sin pedirlo. Mis manos tocan a estos ángeles sin alas y todo mi ser se sosiega como entregándome a un microcosmos en donde encuentro armonía. Porque ¡maldita sea! cómo necesito cariño y tener presencia en este mundo.